la segunda parte..
PALOMAS FOTÓGRAFAS II
En su afán por expandir la marca, el CEO de Leica ideó una estrategia peculiar: convertir palomas mensajeras en palomas fotógrafas. La visión era insólita pero intrigante.
En las afueras de la ciudad, un grupo de palomas era equipadas con arneses que sostenían mini-cámaras, que incrustaban el inconfundible punto rojo de la marca. Cada ave también portaba un mensaje atado a su pata. Paralelamente, en las pantallas de televisión, se anunciaba una campaña publicitaria. El anuncio mostraba un palomar repleto de palomas; al volar, solo una permanecía, luciendo el arnés con la mini-cámara. En la imagen, emergía el eslogan: “Leica marca la diferencia.”
Quien encuentre la paloma portadora de este mensaje se llevaría a casa una flamante cámara Leica M Monochrom.
La población fue víctima de un frenesí desorbitado. En la búsqueda febril de la codiciada cámara, los tejados se colmaban de trampas para atrapar palomas, y los más osados incluso disparaban con escopetas, a pesar de las severas leyes que prohibían estas armas. Todo valía por conseguir el mensaje, aunque solo una paloma llevara el eslogan de la marca.
En las calles, la gente corría y señalaba cada paloma avistada. Turistas también se unían a la caza, y al descubrir que su captura no contenía el mensaje deseado, estallaban en furia, a menudo descargando su ira sobre las desafortunadas aves.
El CEO, al enterarse del caos desatado, comprendió que era hora de poner fin a la campaña publicitaria antes de que las palomas y la sociedad sufriesen mayores consecuencias. Sus asesores sugerían una aparición pública en televisión para calmar los ánimos.
En esos días, la “Exposición Centenaria de Leica” tenía lugar en el centro cultural Fernán Gómez, en el exclusivo barrio de Salamanca, de la capital del reino. La entrada, valorada en aproximadamente cien euros, era un lujo al alcance de muy pocos.
Durante un anuncio televisivo de urgencia, similar a los mensajes del rey en Nochebuena, el CEO informó que las cien primeras personas que mencionaran la consigna “Leica marca la diferencia” en la entrada de la exposición entrarían gratis, siendo recibidos con una copa de cava y participando en el sorteo de una cámara Leica M Monochrom.
El anuncio tuvo un efecto inmediato. Al día siguiente, una hora antes de la apertura, ya había más de cien personas formadas en la puerta, ansiosas por celebrar la levedad que la situación podría traer.
Entre la multitud, la última persona en la fila sintió una corriente mágica en el aire. Al mirar hacia arriba, divisó la silueta dorada de una paloma que lucía un arnés con una mini-cámara y el famoso punto rojo. En su mente resonó: “Esto es una señal de que algo bueno está a punto de sucederme.” Con una sonrisa y paso decidido, se adentró en la exposición, convencido de que iba a conseguir la Leica M Monochrom, porque “Leica marca la diferencia.”