
Exposición en el Museo de Arte Abstracto Español Cuenca. A través de una cuidadosa selección de fotografías en blanco y negro, esta muestra profundo en los albores de la carrera artística de Cristóbal Hara (Madrid, 1946; Premio Nacional de Fotografía, 2022). A los veintidós años, mientras estudiaba Administración de Empresas en Alemania, el joven Hara descubrió en España el trabajo del célebre Henri Cartier-Bresson. Este hallazgo encendió en él una pasión irrefrenable que lo llevó a dedicarse por completo a la fotografía, con Cuenca como uno de los escenarios más significativos de su vida.
En esos inicios, Hara se sumergió en una etapa marcada por el asombro, la aventura y la experimentación. Como él mismo reflexiona, fue un período en el que “aprendió a fotografiar”, recorriendo las calles de Cuenca y capturando instantes cotidianos, incluso durante su servicio militar. Sus pasos lo llevaron a destinos tan diversos como Yugoslavia, Londres y otras ciudades de España, ampliando su visión y técnica en cada viaje.

La Galería Roger-Viollet en Paris, abre sus puertas a una fascinante exposición dedicada a la noche en París, la emblemática "Ciudad de la Luz".
Cuando el sol se oculta, París se transforma en un lienzo apasionante, desafiando al insomnio con su incesante bullicio y preparándose para la celebración. Las majestuosas avenidas se convierten en senderos íntimos, mientras que las callejuelas secretas se tornan en bulevares de sueños. Las escaleras de Montmartre se elevan hacia lo infinito, y el río Sena, cual cinta negra, evoca un espejo lleno de misterios.
La exposición reúne 70 grabados contemporáneos, cada uno numerado en edición limitada, que recorren la esencia de esta metrópoli entre 1900 y 1970, capturando la magia y el encanto de su nocturna existencia.

El final de la Guerra Civil, en abril de 1939, no trajo la paz sino la imposición de la Victoria. Empezó entonces otra forma de guerra, en otros frentes y con otras armas. Primero, la dictadura persiguió sin piedad a las personas sospechosas de haber apoyado la causa republicana. Después, reprimió con la mayor dureza las sucesivas formas de contestación. Se trataba de extirpar las raíces de la democracia. Por ello, la violencia formó parte de la médula espinal del franquismo durante sus cuarenta años de duración.

El Museo Nacional del Romanticismo en Madrid, bajo titularidad estatal y dependiente del Ministerio de Cultura, regresa —un año más— a la Sección Oficial de PHotoESPAÑA con una propuesta que no se limita a exhibir: interroga. En su sala, la exposición “Endometriosis. El dolor silenciado 1860-2026” convierte la fotografía en un territorio de memoria y de revelación.
Laia Abril, barcelonesa de 1986, Premio Nacional de Fotografía 2023 y la creadora más joven en obtenerlo, firma un proyecto inédito que instala, ante la mirada del visitante, la materialidad de lo que tantas veces se ha negado: el cuerpo que duele no debería volverse un rumor. La instalación reúne los restos íntimos —fragmentos— de siete personas con endometriosis, como si el relato sólo pudiera contarse cuando se desarma lo visible. A partir de esa ruptura física, la obra despliega también otra fractura: la disociación emocional que exige, día tras día, seguir adelante con un dolor crónico que rara vez encuentra nombre, oído o respuesta.
Sus imágenes, de una fuerza simbólica que atraviesa, vuelven tangible la violencia obstétrica y denuncian con insistencia la invisibilidad persistente de una enfermedad que afecta a millones de mujeres en el mundo. “Endometriosis” no busca conmover desde la distancia: obliga a mirar de frente, a reconocer lo silenciado y a entender que el tiempo —de 1860 a 2026— no ha sido suficiente para que el dolor deje de pedir atención.

El Centro Niemeyer de Avilés (Asturias) alberga la exposición Agua, del prestigioso fotógrafo canadiense Edward Burtynsky, figura clave de la fotografía contemporánea a escala global. La muestra, comisariada por Enrica Viganò, presenta una cuidada selección de imágenes que indagan en la compleja y multifacética relación entre la humanidad y uno de los recursos más vitales del planeta: el agua.

Exposición en la Sede Memoria de Madrid. En esta cautivadora serie fotográfica, que se despliega entre España y Panamá, el hogar —tradicionalmente visto como un espacio de subordinación— se transforma en un complejo campo de tensiones. Aquí, las jerarquías de género, clase y colonialidad se entrelazan de manera palpable.
Las composiciones, marcadas por su frontalidad, junto a una sobriedad formal, revelan gestos y miradas de una intensidad desbordante. Este enfoque desafía la narrativa habitual, ya que, lejos de perpetuar identidades subalternas, las mujeres retratadas reafirman su existencia y desplazan el eje de poder en representación. Cada imagen se convierte en un acto de resistencia y afirmación, desdibujando las fronteras de una realidad históricamente construida.

Exposición en la Real Sociedad Fotográfica en Madrid. El viaje en la mirada» es un recorrido hecho de imágenes: un conjunto que no sólo celebra la trayectoria incansable de Benito Román, sino que alza una especie de ceremonia silenciosa alrededor de su reciente distinción con el Premio Nacional de Fotografía Piedad Isla. Para quienes conformamos esta comunidad, el premio no llega como un hecho aislado, sino como el eco de una propuesta nacida en la RSF: un triunfo compartido, sentido como propio, que confirma —con la contundencia de una obra— el lugar imprescindible que Benito ocupa en nuestro corazón colectivo.
Hay algo en su mirar que parece precisión: una capacidad casi quirúrgica de “ver” allí donde otros sólo alcanzan a pasar. Román no se conforma con la superficie; se detiene, interroga y rescata. Sus fotografías sostienen un equilibrio raro y necesario entre la ironía que cuestiona y la ternura que protege al sujeto. No persigue la estética vacía ni el brillo fácil: busca la verdad de la condición humana. Captura instantes que no se agotan en el momento, sino que —como señala Fernando Jáuregui— se vuelven situaciones eternas, pequeñas ventanas donde el tiempo se detiene para revelarnos algo esencial.

La exposición inmersiva AMERICAN LATINOS 1935–1945 llega a Casa de América en Madrid después de su paso por Nueva York y Lisboa, como si el continente se reorganizara al ritmo de la mirada: cerca de trescientos retratos de comunidades hispanas en Estados Unidos —custodiados por la Biblioteca del Congreso— abren una puerta a la memoria.
En el centro de ese umbral trabaja el cineasta Alberto Ferreras, conocido por la serie documental Habla para HBO y por la videoinstalación Somos para el National Museum of the American Latino. Su propuesta convierte el archivo en experiencia: imagina y ordena una constelación de rostros y escenas donde la vida cotidiana adquiere voz propia. Allí aparecen familias españolas en Nuevo México, agricultores mexicanos en California, cazadores canarios en Luisiana, campesinos de Puerto Rico y pastores vascos en Idaho y Nevada; fragmentos de una década decisiva, cuando Estados Unidos se estaba redefiniendo a sí mismo.
La muestra avanza con fotografía, música y narración, y el recorrido —hecho de contraste y de cercanía— conduce a un viaje por los años treinta y cuarenta, sin perder la textura humana de lo documentado. Se siente el peso del tiempo en la presencia de nombres imprescindibles: Dorothea Lange, Jack Delano, Russell Lee, John Collier Jr., Marion Post Wolcott y Arthur Rothstein. Sus imágenes, reunidas bajo una atmósfera inmersiva, no solo describen: acompañan. Porque en ese diálogo entre archivo y escena, cada retrato parece decir: aquí también estaba la historia, latiendo.

Exposición en el IVAM en Valencia. “Apoteosis Now”, las imágenes de Cristina de Middel se precipitan sobre el museo como una cascada imparable, una lluvia visual que la propia artista ha bautizado como “modo Catarata”. Ese término no solo alude al torrente incesante de fotografías que nos bombardea en la era digital, sino que también evoca la alteración ocular que nubla nuestra mirada y nos roba la claridad.
Cada serie se despliega como un pequeño tratado de iconografía, una novela visual o un sismógrafo que registra la constante manipulación de la realidad. Las obras pueden leerse como archivos de sueños o como testimonios de los obstáculos que impiden su materialización.
Se exhiben imágenes saturadas de hechos, intuiciones, mitos, incertidumbres, transformaciones, visiones, tótems y tabúes, sin una jerarquía aparente. Sin embargo, tras la aparente confusión se oculta un orden sutil, una intención clara de provocar un cambio en la fotografía. Ese sentido se manifiesta en el tratamiento del color y en el impacto visceral que ejerce sobre quien se deja arrastrar por su corriente.

Exposición en la Galería Blanca Berlín en Madrid. Los premios que aquí se celebran constituyen la cúspide del reconocimiento a quien, con su cámara, enriquece el patrimonio cultural de España. Cada galardonado, a su modo, abre una ventana única al mundo.
- Carlos Pérez Siquier -Castro Prieto – Cristina García Rodero – Cristóbal Hara – Eugeni Forcano – Gabriel Cualladó – Isabel Muñoz – Joan Colom – Ouka Leele – Rafael Sanz Lobato – Ramón Masats – y Toni Catany.
En conjunto, estos nombres trazan un viaje apasionante por la historia de la fotografía española, una reunión posible gracias al firme compromiso de la galería Blanca Berlín, que apuesta por poner en valor el arte fotográfico y fomentar el coleccionismo en nuestro país.

“Esta exposición en el IVAM en Valencia, propone una mirada a la Albufera de València: no como un mero escenario geográfico, sino como una escritura viva compuesta por capas. Capas de tiempo, de intereses y de afectos. Capas que se han ido superponiendo —en sucesivas etapas— entre lo histórico, lo económico y lo medioambiental, hasta dar forma a un territorio singular.
La Albufera se entiende aquí desde su condición postnatural, como una realidad tejida por presencias y fricciones. Un sistema donde la cultura y la naturaleza no se oponen, sino que se articulan en una compleja red de interdependencias: lo humano interviene, transforma, imagina; y lo no-humano responde, resiste, condiciona. Así, el paisaje deja de ser una simple imagen para convertirse en una estructura relacional, un espacio de tensiones continuas donde cada cambio reconfigura el conjunto.
En este recorrido, la Albufera aparece como resultado y proceso a la vez: una laguna que condensa historias y, al mismo tiempo, las desborda, manteniendo abierto el diálogo entre lo vivido y lo biológico, entre la memoria del lugar y su devenir.

Exposición en la Sala Twin Galery de Madrid. La obra de Christine Spengler se erige como un potente testimonio de la condición humana en medio de los conflictos que han sacudido al mundo en las últimas décadas. Las imágenes, captadas minuciosamente a lo largo de casi cuarenta años, trasmiten una vigencia inquietante, creando un diálogo profundo con las guerras y crisis que aún marcan nuestro presente.
Lejos de glorificar la violencia, Spengler dirige su mirada hacia la dignidad de quienes la sufren. En cada fotografía, soldados, civiles y niños emergen no como meros símbolos de un conflicto, sino como individuos únicos, atrapados en momentos de vulnerabilidad, resistencia y la vida cotidiana que persiste aún en la adversidad. Esta elección de enfoque transforma su trabajo en un homenaje a la resistencia humana.
En la exposición, el tiempo parece compactarse, como si los ecos del pasado resonaran con inusitada claridad en el presente. Las imágenes sugieren que la historia no avanza en una línea recta, sino que se repite, con variaciones dolorosamente familiares que nos recuerdan la continuidad del sufrimiento.
El exilio, la capacidad de resistencia y las huellas del dolor atraviesan generaciones, revelando un legado compartido que nos une en la fragilidad de la existencia. A través de su arte, Spengler nos invita a reflexionar sobre la historia, no como un mero relato de hechos, sino como una experiencia vivida por millones de almas que enfrentan la adversidad con una dignidad inquebrantable.

La nueva exposición en la Fundación Mapfre en Madrid. Rinde un merecido homenaje al icónico fotolibro In the American West, publicado en 1985 y comisionado por el Amon Carter Museum of American Art en Fort Worth, Texas. Durante cinco veranos, el maestro fotógrafo Richard Avedon y su equipo recorrieron el vasto Oeste estadounidense, capturando la esencia de más de mil personas provenientes de veintiún estados, lo que ha consagrado esta serie como su obra maestra.
Utilizando una cámara de gran formato de 20 × 25 cm, montada sobre un trípode, Avedon adoptó un estilo distintivo: retratos tomados de frente, sobre un fondo blanco y con luz natural. Cada imagen presenta un crudo y honesto reflejo de la vida en el Oeste, incluyendo a mineros, rancheros, vagabundos y trabajadores de fábricas, evocando la tradición de los fotógrafos itinerantes de la era de la conquista del Oeste. Este enfoque simple y poderoso busca resaltar la humanidad y diversidad de aquellos que habitan estas tierras.