
La exposición "Luis Vidal Corella. Crónica fotográfica de la posguerra en Valencia", inaugurada en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), invita a volver a mirar una ciudad y un país a través de los ojos de un fotógrafo que, casi siempre, trabajó a ras de suelo, cargando con una cámara pesada, bajo condiciones técnicas adversas y en un contexto político que exigía prudencia, silencio y adaptación.

Walker Evans (1903–1975) emerge como una figura indispensable en la fotografía moderna, consolidándose como uno de los más destacados cronistas visuales de los Estados Unidos del siglo XX. Sus imágenes, aparentemente simples pero de una complejidad profunda, capturan con agudeza la vida cotidiana, los paisajes urbanos y los rostros anónimos de una nación en constante evolución. Pionero del estilo documental, Evans fusionó una mirada directa y austera con una curiosidad insaciable por los signos de la cultura popular, logrando no solo definir una época, sino también cuestionarla.

La sala de fotografía de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando expone una colección del fotógrafo Oriol Maspons. En la obra de Maspons, conviven con toda naturalidad dos mundos bien distintos, el amable y mundano con el surrealista y denunciable. Maspons trabajó siempre de una manera intuitiva, alejado de toda disciplina estética, mostrando siempre los aspectos más disonantes de la realidad.

El final de la Guerra Civil, en abril de 1939, no trajo la paz sino la imposición de la Victoria. Empezó entonces otra forma de guerra, en otros frentes y con otras armas. Primero, la dictadura persiguió sin piedad a las personas sospechosas de haber apoyado la causa republicana. Después, reprimió con la mayor dureza las sucesivas formas de contestación. Se trataba de extirpar las raíces de la democracia. Por ello, la violencia formó parte de la médula espinal del franquismo durante sus cuarenta años de duración.