Un rebaño de ovejas descansa bajo la sombra de los pinos, aguardando la llegada del pastor para regresar al redil.
Las raíces de los árboles, en su búsqueda de libertad, emergen a la superficie y se extienden como una telaraña, o quizás es la erosión la que, con el tiempo, las ha dejado al descubierto.
Amanece en la Raña, y a lo lejos se escucha la berrea de los machos en celo. Un año más, la naturaleza convoca a sus hijos, y ellos responden a su llamada.
En la serena desembocadura, donde el agua yace quieta, una barca descansa plácidamente sobre su superficie.
Entre la vegetación, el agua y la madera, observo cómo el día avanza en este rincón encantador, donde el tiempo parece detenerse.
La serenidad del mar, con su rítmico oleaje, invita a reflexionar y a explorar los pensamientos más audaces.
Un momento de pausa para contemplar el cielo. El horizonte se dibuja lejano, invitando a soñar y a reflexionar sobre lo que está más allá.
Arena, agua y cielo. Los tres elementos, unidos, son el resultado de una evolución que abarca millones de años, que el hombre se obstina en interrumpir.
El mar acoge a sus criaturas, incluso en el gélido mes de enero. Este intrépido joven desafiando el frío, se prepara para su primer chapuzón del año.